5 de enero de 2009

La magia

Los años no hacen más que repetirnos los protagonistas que fuimos descubriendo cuando éramos niños. Cambian las caras y las manías, pero no las conductas. El empollón, el apocado, el pelota o el chivato se aparecen por donde quiera que uno se mueva como mismo se aparecían cuando estábamos en el colegio. Aun así no creo que vengamos genéticamente destinados a jugar ningún papel. Supongo que serán las circunstancias las que nos irán colocando en el lugar que nos corresponde según cada momento de nuestra vida. Sobrevivir ya es en sí mismo un triunfo diario.

También entonces el escenario se poblaba a todas horas de pragmáticos y de soñadores. Pasaba sobre todo cuando se acercaba la víspera de Reyes. Por un lado nos situábamos los que, no queriendo salir de la magia de los sueños, nos negábamos a asumir las evidencias. En el otro lado de la escena estaban, cómo no, los aguafiestas y los sabelotodos empeñados en echar por tierra cada fotograma de nuestras ensoñaciones reales. No servía de nada que aseguráramos haber escuchado cómo Melchor, Gaspar y Baltasar habían dejado los regalos junto a nuestros zapatos liliputienses. Siempre estaban los otros diciendo que los que se movían con sigilo eran nuestros propios padres. No sé cuándo empezamos a perder las ilusiones, pero sí estoy seguro de que las primeras derrotas nos llegan en el momento en que debemos asumir que ganan los pragmáticos. Así y todo, un soñador nunca pierde la esperanza, aun a riesgo de quedar como un ingenuo. Por más que le diéramos la razón a los galletones que querían matar la magia de los Reyes, uno se acostaba luego con sus propias ilusiones. Daba lo mismo que durante el día todo fuera previsible, aburrido y comercial. Nos quedaba el embrujo de la noche y de los muchos años crédulos para saber que no todo acaba en la evidencia. En estos tiempos tan violentos y desnortados también necesitamos recuperar las ilusiones para saber que no todo se lo lleva la macroeconomía, el euríbor y ese torrente revuelto de noticias catastrofistas que nos golpean a diario en los periódicos y en los telediarios.

En aquellas noches mágicas aprendimos que, si uno lo deseaba, los camellos subían seis o siete pisos cargados con nuestra bicicleta y nuestro escalextrix. Ahora son otros los regalos que pedimos antes de quedarnos dormidos. De entrada, apostamos por la armonía y por un mundo más solidario y más justo. Y ya sé que puedo parecer un iluso, tan iluso como Lennon cuando cantaba el Imagine antes de que la balacera de un loco lo dejara tirado en las calles de Nueva York. Pero creo que no nos queda otra que aferrarnos a la magia de todo lo que vuela. Nos valen las mariposas, las palomas y, sobre todo, los sueños.


CICLOTIMIAS


Posiblemente la inocencia se acaba cuando nos explican en Ciencias Naturales que a las mariposas hay que llamarlas lepidópteras.

4 comentarios:

Monsul dijo...

Cuando era pequeña me decián:"Los sueños sueños son".
Ahora crecida,he ido descubriendo,que gracias a la magia y a ese hechizo secreto que todos poseemos,LOS SUEÑOS SE PUEDEN HACER REALIDAD.
Gracias por tus palabras de cada día,siempre hay algo en ellas,que me hacen vibrar.

Editor dijo...

Gracias a ti, Monsul, por asomarte de vez en cuando a esta ventana.

Anónimo dijo...

!Hola Santiago¡... perdona, de antemano, la intrusión en tu blog sin invitación alguna. Esta mañana, transitando con mi novia por los dominios de Sataute, ya te felicité por el artículo. Es verdad que, a medida que nos hacemos "mayores", la realidad, la cruda realidad, cambia nuestra forma de contemplar y participar en este ejercicio de "superación" que es la vida, pero que desilusionante sería si, además, nos arrebataran la ilusión de aventurarnos por los entresijos de la misma sin la duda o el misterio que nos acompañan en su recorrido... Lo que no te comenté cuando me confundiste esta misma mañana con otra persona es que poseía en mi cartera el recorte del artículo que se publicó ayer con la intención de mostrárselo a mi novia y, llámalo azar, casualidad, ironía del destino... o simplemente "magia", nos encontramos. ¡Feliz año nuevo!

Editor dijo...

Qué bien saber de ti. Cuando te vi salía con Fleko (lo acababa de bautizar) de la perrera. Ahora duerme plácidamente a mi lado. Los Reyes me han llegado con él. No es un perro con pedigrí ni de raza, y además era el más débil y el más temeroso de los que había en las jaulas de la perrera de Santa Brígida. Ahí reina Rubén, el veterinario, un auténtico ángel para los perros dejados (y cogidos) por capricho. Te confundí con mi vecino e iba a enseñarte mi nuevo perro (este vecino conocía a Gilda, mi perra el alma, que murió hace ahora ocho meses con doce años). Luego no eras él, pero eras tú, y me sorprendiste con las referencias a este texto (que ayer fue del Canarias 7). Un placer haberte conocido. Espero verte pronto por Santa Brígida, y también por este blog. Un fuerte abrazo.