20 de octubre de 2008

Lola

Hoy hace un año que recibí una de las llamadas más tristes de mi vida. Desde el otro lado del teléfono, el escritor Alexis Ravelo me comunicaba que acababa de morir Dolores Campos-Herrero. Primero fue la perplejidad, y ya luego, al paso de las horas, la enésima sensación de impotencia al saber que te vuelven a arrebatar para siempre a alguien esencial en tu vida cotidiana. El paso de los meses no ha hecho más que corroborar aquella primera y desgarradora sensación. Nos falta el espíritu de Lola. Echamos de menos sus iniciativas y su equilibrio. Todos sabíamos que con ella se iba una manera de entender la literatura y las relaciones entre escritores. Nada tenían que ver sus constantes y generosas iniciativas con los habituales egocentrismos propios de un mundillo casi siempre mezquino y complicado.

Por suerte, Lola fue una escritora comprometida a carta cabal con su vocación y con cada una de las palabras que aparecen en sus textos. No concebía la vida sin la creación literaria. Ese empeño en no traicionar ni un solo minuto de su existencia lo agradecemos ahora sus lectores. No muere del todo quien escribe. Los muchos y formidables libros que publicó mientras vivía, y aquéllos que dejó ordenados para que fueran publicados tras su muerte, nos devuelven el eco de su voz apenas nos sumergimos en la lectura. El mejor homenaje que le podemos hacer a Lola es acercarnos a su obra, buscarla en las librerías y en las bibliotecas, y escuchar toda la maravillosa vida que dejó en sus textos para cuando ya no estuviera.

Ya digo que hay personas que mueren y otras cuyo recuerdo permanece por mucho tiempo. Pero esa capacidad de vencer a las parcas hay trabajársela en el día a día de la existencia, y en el caso de ella, a nivel personal, dejó tantos recuerdos maravillosos que raro es el día que no aparece su nombre entre los periodistas y los escritores de estas islas. Esta noche celebraremos en la sala Cuasquías el segundo Memorial de microrelatos que lleva su nombre. Fue el mejor homenaje que se nos ocurrió a los amigos para citarnos cada año y recordarla unida a la literatura y a la creación, sobre todo a esa creación de pequeños fogonazos de genialidad a la que ella tanto contribuyó desde sus poemas y desde sus muchas y magníficas breverías. Están todos invitados al recuerdo, sobre todo la legión de lectores de Canarias 7, otra de sus casas de toda la vida, que quedaron huérfanos hace ahora un año.

En un mundo cada día más empeñado en complicarse su propia existencia, el acercamiento a lo que Lola dejó escrito devuelve corduras y argumentos para afrontar la vida con la misma mirada cómplice y sonriente con la que ella vivió siempre. Aquella mirada cercana y tranquilizadora que necesitamos seguir viendo cada vez que hablamos de ella.




CICLOTIMIAS

Comunicas, luego existes


Sé que Lola hubiera disfrutado con esto. Aprovechen para subir al séptimo cielo.

5 comentarios:

Treinta Abriles dijo...

"Pero esa capacidad de vencer a las parcas hay trabajársela en el día a día de la existencia"

¡Qué buena es esta frase! Hermosa y lapidaria a un tiempo.

Alexis dijo...

Se puede decir más alto pero no más claro, compañero.
Qué bueno que hayas incluido a Bach.

Anónimo dijo...

Me uno a todo lo que dices. Y habría para llenar miles de folios con sus virtudes y su forma de concebir las relaciones humanas.

Santiago dijo...

Sólo he tratado de devolver parte de lo mucho que ella nos regaló. Los que la conocieron tuvieron una suerte inmensa. Los que no tuvieron ocasión de disfrutar de su presencia la pueden descubrir en sus escritos. Al final, es lo único que nos queda a unos y a otros. Nada más y nada menos que la palabra y toda su fuerza mágica evocadora. Un abrazo para todos.

Jaime dijo...

Debería ser consciente de que vivo en alguna otra realidad donde se me escapan gentes, obras, títulos, poemas... las otras vidas, en suma.

Y por ese desconocimiento mío, tan propio de quienes andamos sin brújula los caminos, y nos vamos dejando llevar por las mareas y los vientos, me reconozco totalmente ajeno a la obra y vida de esta escritora. Y lo siento, como siento todo eso que me voy perdiendo y que apenas si llego a rozar cuando me llegan noticias, como si viviera en un continuo viajar en una máquina del tiempo con retraso. Llevo el abono a la vida caducado, sí, algo así...

Por compensar, me he inventado esta cosa con forma de poesía, y ya que estoy, la dedico a su memoria. Seguro que podrá perdonar la falta de estilo y talento, compensada con buenas intenciones.

Saludos a todos.

Luna de octubre.

¿Por qué no duerme la luna
y me mira en la mañana,
a veces de cuerpo entero,
y otras tras una persiana?

¿Por qué me vigila la luna
cuando me escondo en las sombras
que huyen del sol, por las calles,
asomada a su ventana?

¿Será que duermo la noche
y ella me llama, entre estrellas,
para no dejarla sola
y cantar la madrugada?

¿O es que sabe que la sueño
y que le escribo poemas
aunque no pueda mirarla
por miedo a que me enamore?