5 de diciembre de 2008

Sadismo

Ella sí te quería. Cuando te fuiste pensó que la habías dejado para siempre. Estuvo fatal, en psicólogos y todo eso, y al final terminó por meterse de misionera. Ahora creo que anda por África. No, yo no lo di el mensaje que tú me dejaste para ella. Tampoco me preguntaste si yo era un sádico.

6 comentarios:

Treinta Abriles dijo...

Necesito un café, Santiago.

mucho_que_contar dijo...

Eso le pasa por confiarle a otro cosas que se deben de hacer en persona.

Me pongo a mí por ejemplo, un tipo de palabra oral difícil cuando se trata de expresar sentimientos pero, sin embargo, escribiendo no tengo ninguna dificultad. Escudarse tras una hoja y un bolígrafo es muy fácil. Y por eso, esta persona debería, al menos, haberle dejado una nota escrita.

Enhorabuena por contar tanto con tan pocas palabras, Santiago.

Editor dijo...

Cuidado con el café, que siempre tiene un pozo amargo, pero ya nos cuentas.
Efectivamente, por si caso, siempre hemos de dejar lo que nos importa por escrito. No es verdad que las palabras siempre se las lleve el viento.

Treinta Abriles dijo...

Bueno, ya sabes que yo soy más de té.

Es que no terminaba de entender lo que habías escrito. Entiendo la idea, pero no lo que dice. Para mí son pocas palabras y deja el asunto demasiado abierto. Debe ser que me abstraigo poco.

Anónimo dijo...

Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta,el mar al que se hunde.
Jorge Luis Borges

Editor dijo...

Los finales abiertos son siempre los mejores finales; de hecho apuesto siempre por los finales abiertos. Cada cual acaba las historias como le apetece o las capta. No te preocupes si te has quedado un poco fuera de juego. No hay explicación posible. Él era un sádico y ella estuvo demasiado confiado. ¿Por qué lo hizo? Caben toda clase de respuestas.