28 de abril de 2009

La pizza

Fue el domingo, sobre las dos de la tarde. Los dos debían de tener más de ochenta años y parecían recién salidos de misa. No les pegaba nada llevar aquella caja caliente con la pizza acabada de salir del horno y un par de refrescos de cola. Iban tristes, caminando despacio, sabiendo que la vida no les había convidado a sus grandes festines. La pensión no les daba para más y era el único lujo que podían permitirse en toda la semana. Cuando comían sacaban la vajilla de porcelana y los cubiertos de plata que les regalaron el día de la boda. Partían los trozos duros y resecos de la pizza barata y se miraban tiernamente sabiendo que cualquiera de esas comidas podía ser la última. Los dos habían trabajado de sol a sol durante toda su existencia. No era eso lo que les habían prometido para cuando se jubilaran.

4 comentarios:

Fénix dijo...

¿Equipaje de mano?

Editor dijo...

Efectivamente, Fénix, este microrelato está publicado en Equipaje de mano. A veces tiro de ese libro y de Tierra de Nadie en el blog, aunque la mayoría de los textos que publico están inéditos y, si todo va bien, se convertirán en libro más adelante. Un abrazo.

Treinta Abriles dijo...

Pues hay veces, que ningún festín es comparable a un bocadillo de calamares con un poco de mayonesa, sentados en medio de una plaza.

El problema es, que nos bombardean tanto con lo que hay que tener, hay que ser, hay que probar, que es muy difícil distinguir el norte metidos en esa espiral de insatisfacción.

Editor dijo...

El eterno retorno al valor y al precio que ya contara Antonio Machado.