21 de diciembre de 2009

El cajón

Yo de niño jugaba a todas horas con el pasado. No es que fuera un nostálgico precoz ni un niño ensimismado. Todo lo contrario; no había quien me metiera en casa si existía la más mínima posibilidad de salir a la aventura de los juegos y de las calles. Hablo, claro, de los años setenta y de una infancia en un pueblo que como casi todos los pueblos de entonces tenían poco que ver con la inseguridad que pueden encontrar los niños de hoy en día. Nosotros jugábamos entre barrancos, en maretas vacías o en calles de adoquines en las que casi no transitaban los coches. Los balones se iban desgastando sucesivamente y sus únicos dueños eran los que sabían regatear hasta su propia sombra. Nos bastaba muy poco para ser felices.

Sólo recuerdo querer estar encerrado entre cuatro paredes cuando abría el cajón en el que estaban los archivos periodísticos de mi abuelo Zenobio García. No lo conocí, o por lo menos no tuve la suerte de estar físicamente con él, pero quizá fuera de las personas que más y mejor traté en mi infancia. Había sido corresponsal de numerosos periódicos en la zona noroeste de Gran Canaria, y también fundador de los que se editaron en Guía en la primera mitad del siglo pasado. Fue guardando cualquier recorte que se publicaba sobre su pueblo, así como sus crónicas y reportajes. En aquel cajón te podías encontrar asesinatos, gestas deportivas, anécdotas hilarantes y mil sucesos acaecidos en las calles que yo recorría a diario. Con los años, de aquellos archivos que mi abuelo fue acumulando desaparecieron muchos documentos. Mi abuela dejaba que lo consultara quien quisiera, y muchos de aquellos habituales saquearon impunemente aquel pasado. Pero por suerte se conserva buena parte de aquellos recortes que contribuían a que mis sueños de infancia tuvieran muchos más argumentos. En estos días, la familia los va a donar a la Casa de la Cultura de Guía. Creo que ese es el destino final que buscaba mi abuelo aunque no lo dejara escrito en ningún sitio. Junto a las noticias hay esquelas, programas de fiestas, carteles deportivos o anuncios de la época. Aquel cajón al que yo me asomaba asombrado recogía el testimonio y el propio tiempo de muchos hombres y mujeres que ya no existen. Quedaron escritos, como mismo quedaremos nosotros en otros cajones llenos de recortes y de grabaciones audiovisuales. El nuestro, el que contará cómo éramos y cuáles eran nuestros sueños, será sin duda un cajón virtual que navegará por esa Red cada día más laberíntica e interminable. Pero a pesar de tanta sofisticación, lo que vivamos cabrá en un pequeño cajón o en un par de renglones de los manuales de historia. Da lo mismo que lo queramos vestir de virtualidad o de llamativos entorchados tecnológicos. Todo pasado se vuelve siempre lejano y borroso.

6 comentarios:

Jin dijo...

los recuerdos, mientras se están formando, son a veces muy poco vistosos, hasta sosos y deslavados. pero el tiempo les va revistiendo de un halo y ganan en misterio, en magia, a veces en locura... el tiempo pasado siempre es un lujo.

Editor dijo...

Y además los convertimos luego en ficción. Un abrazo

Anónimo dijo...

Para algunos: El pasado son instantes robados al tiempo para poder sobrevivir al presente...


http://www.youtube.com/watch?v=9yPz6S5yQKs

Editor dijo...

Bella frase; bello vídeo, necesario cuando estemos lejos de la orilla.

Amaranta Buendía dijo...

¡Qué curioso! Yo siempre he pensado que nuestro pueblo de adoquines no nos olvidará jamás. No se si en otras pocas partes o en muchas el vínculo que se crea es el mismo que siento yo aquí. Pero haga lo que haga, vaya donde vaya y me ocurra lo que me ocurra, este pueblo es el sitio al que siempre querré volver.

Editor dijo...

Querida Amaranta, yo también llegué a la literatura por distintos caminos, y uno de ellos, qué duda cabe, era el que conducía a Macondo, así que de entrada cuenta con todos mis respetos.
Lo del pueblo, los adoquines y el propio color que a uno le queda de los días de infancia hacen que regreses siempre, aunque sólo sea desde la palabra, la ficción o el recuerdo. Un placer verte por aquí. Enlazo sobre la marcha en mis favoritas uno de tus blogs. Un abrazo