25 de enero de 2010

Viajeros

Están sembrados por todo el planeta, pero desde que encendemos el televisor se nos meten en nuestra casa contándonos sus hábitos diarios. Un día te encuentras españoles por el mundo, pero si haces un poco de zapping también te puedes tropezar andaluces, madrileños o aragoneses por el mundo. Todos andan por todas partes, es ley de vida: la movilidad y la trashumancia más o menos aventurera de nuestros antepasados es la que nos ha ido entremezclando los rasgos, los genes y hasta el color de nuestros ojos. En las islas sabemos mucho de esos viajes que cambian el destino del viajero y de todos sus descendientes. Los canarios somos un pueblo formado por los sueños de miles de aventureros que han ido llegando, saliendo y regresando en busca de orillas hospitalarias. Conocemos de sobra ese empezar desde cero cada nuevo día que amanece. Nuestros ancestros llegaron aquí buscando una nueva vida o salieron camino de América confiando en la suerte y en su trabajo para cambiar su destino. Supieron ser ciudadanos del mundo, y lo menos que podemos hacer nosotros es no perder nunca esa referencia si no queremos extraviarnos en nacionalismos de pandereta y de rancias y trasnochadas reivindicaciones excluyentes.

Pero volvamos a los formatos televisivos que nos sacan la vida diaria de nuestros compatriotas por el mundo. De entrada, me llama la atención la ausencia del fracaso. Para sacar la mugre y la miseria ya tienen los formatos Callejeros. En esos remedos cosmopolitas se conoce que se lleva más el glamour y el dolce far niente de los que pueden amanecer nadando en una piscina casera con jacuzzi o haciendo footing por los jardines de su propia finca. Es la ley de la tele: sólo quieren ganadores y triunfitos con sonrisa profidén. Cuando los veo enseñándonos las grandezas y los lujos de las ciudades que recorren, no puedo dejar de pensar en los otros españoles que estarán a escasos metros sobreviviendo como buenamente pueden o penando en la soledad de un portal o de una habitación inhóspita y helada. No siempre es tan dichosa la aventura de la emigración. Preferimos los testimonios de los que llegan contando las grandezas de sus éxitos y describiendo sus fastuosas propiedades, pero nos olvidamos siempre de los que se van quedando en el camino en esas mismas ciudades que nos enseñan desde el escaparate de sus tiendas de lujo o a través del paisanaje que frecuenta sus más afamados restaurantes. Supongo que formará parte del circo diario que nos tienen que vender para que por lo menos soñemos que aún hay lugares con futuro. Siempre ha sido así, en la literatura y en la vida. Al final no somos más que unos necesitados de ficciones prodigiosas e imposibles. La tele no es más que el reflejo de nuestra propia mirada.

8 comentarios:

Jin dijo...

¿quién dudaba de ello (de tu última frase)?
tienes razón, Santiago, sólo necesitamos contemplar lugares guapos y gente joven y sana recorriendo sin trabas el ancho y bello mundo. luego, en la misma tele, podemos admirar nuestras miserias en los encarnizados debates de patios de vecinos... contrastes de la vida moderna!

tu reflexión de hoy me trae también a la memoria los viajes de antaño: tan pocos y tan precarios, aventureros, y sometidos (al menos en Oriente) a las férreas leyes des Feng Shui que mandaba no viajar a cualquier lugar ni en cualquier momento, según cómo te pillaba el caminar de los astros...

Editor dijo...

Suscribo lo que escribes, Jin. Los viajes que realmente valen la pena nos acaban llevando a nosotros; no vamos sino que nos dirigimos, supongo que hacia nuestro propio destino. Un abrazo

© loki vinodelfin dijo...

El lugar más bello es aquel que nos formamos en el alma. Conocer a un niño que nos saluda al pasar sin más artificios que su propia sonrisa. Por eso me encanta viajar aunque lo hago poco, porque están presentes aquellas cosas que pensamos únicas en nuestro lugar de residencia.

http://www.youtube.com/watch?v=VsahJgfWw_o

Editor dijo...

Los paraísos, David, siempre están a la vuelta de cualquier esquina. Un abrazo

Lunática dijo...

Estoy de acuerdo en que necesitamos de ilusiones, sean imposibles o no, para poder vivir. Los programas como el que comentas ayudan a crearlas y a pensar que todo es posible, si tienes una pizca de valentía, ganas y suerte de emabarcarte en esas empresas. Hay que volar pero saber afianzar los pies en el suelo y ver que las azañas son posibles incluso en tu propia ciudad, al igual que los fracasos aunque no se cuenten en la TV.

(Un apunte: andaluces, madrileños, aragoneses, etc... ¿no son también españoles?.. No acabo de entender el matiz que querías dar con esta frase)
Saludos

Ilu dijo...

Hace una semana pusieron españoles en Guatemala, no lo sabía y no lo vi, pero amigos que saben de mi estancia en ese país me lo nombraron. Lo vi días después en Intenet. Estoy de acuerdo en todo lo que dices Santiago pero añadiría que puede haber un interés oculto en promocionar a los que son empresarios/as. He estado viviendo en Guatemala y aseguro que hay muchísimos españoles viviendo allí y que su realidad es muy diferente a la de los seis elegidos para el programa (dueños de hoteles la mayoría). Faltó el excura español casado con una indígena, la madrileña que lleva quince años en el interior del país acompañando a los familiares que buscan a sus desaparecidos en la guerra, al vasco que asesora a organizaciones de derechos humanos y a un sin fin de compañeros que la estancia en ese país está vinculada a su realidad social.
Para ellos que no viven en casas con piscinas les mando un abrazo grande.

Editor dijo...

Hola Lunática, el matiz era irónico, y con él quería dar testimonio de las copias de los programas y de lo poco originales que son estas propuestas: hacen todos lo mismo, sólo sacan ganadores, en esos casos andaluces, aragoneses o madrileños, también españoles, claro, pero con una misma filosofía que oculta la realidad de los países que visitan
*
Estoy totalmente de acuerdo contigo, Ilu. Yo también les mando un abrazo a los que no disfrutan de piscinas en sus aventuras, y a todos los que nombras en Guatemala. Un abrazo

Anónimo dijo...

Me gusta mucho el programa, pero si es cierto que hay veces que deprime. Parece que a todo el mundo le va mejor que a ti. Cantos de Sirena que no se sabe dónde te llevarán.

No sé si por suerte o desgracia, (puede que por suerte para el resto y por desgracia para nosotros) los Castellanos Manchegos no tenemos nacionalismo, aunque tenemos programa. Nos metieron la Comunidad con calzador y... así pasa. Los castellanos sólo podemos sentirnos Españoles porque el nacionalismo castellano, murió con los comuneros.

Beatriz