26 de abril de 2010

Aurora

Aurora es una tortuga boba que llegó a América. Salió de Canarias y tardó cinco meses en recorrer los miles de kilómetros que nos separan del continente americano. Me imagino a Aurora nadando entre ballenas y escualos o perdiéndose en fondos insondables y oscuros. Se tomó su tiempo, pero llegó, que es lo importante. En el colegio nos inculcaron aquella fábula de la tortuga y la liebre. En ese caso el escenario tenía lugar en tierra firme, pero siempre admirábamos el tesón y la constancia de la tortuga victoriosa. La vida, luego, nos obliga todo el rato a imitar a la liebre. Corremos como locos sin saber medir nuestros tiempos y terminamos llegando tarde a todas partes, o arribamos a la meta cuando los sueños ya están marchitos de tanto descuidarlos. La tortuga, en cambio, persigue su objetivo sabiendo que al final el éxito sólo llega cuando uno sabe que está en el camino correcto, y que a veces da lo mismo llegar o no llegar. Lo importante es nadar o caminar reconociendo cada brazada y cada paso que damos, valorando nuestro esfuerzo y disfrutando de cada metro recorrido. Lo otro, la velocidad diaria de la liebre, no es más que un ejercicio rutinario que sólo conduce al cansancio o al hastío.

Mientras Aurora llegaba a las costas del Caribe, miles de seres humanos se quedaban en tierra por una nube de cenizas volcánicas que les impedía volar más allá de su propia imaginación. Vamos cada vez más rápido, pero somos igual de vulnerables que los cromañones. Basta una corriente de aire para derrotarnos. Como Aurora, millones de aves han volado estos días por todo el mundo sin verse afectadas por esa nube que desarma los radares y deja en ridículo a la aeronáutica. Regresan a la Europa primaveral siguiendo los ciclos atávicos que nosotros hemos olvidado hace mucho tiempo. La verdad es que asusta la poca fiabilidad de nuestros inventos cuando se cruzan con la naturaleza. Ahora se habla de que en 2012, por no sé qué tormentas solares, podrían quedar inutilizados buena parte de los satélites de los que depende nuestra vida diaria. No creo que vivamos ningún Apocalipsis, pero sí considero que deberíamos volver a valorar la fábula de Esopo que nos enseñaron en el colegio. No se puede correr sin ton ni son destrozando el planeta o haciendo depender todos nuestros pasos de máquinas que se pueden venir abajo a las primeras de cambio. Hay que aprender un poco más del ritmo pausado y prudente de las tortugas para no extraviarnos en nuestro propio laberinto: hemos llegado a la luna; pero luego no somos capaces de llegar a fin de mes. Algo está fallando. Mientras, las tortugas bobas siguen recorriendo la inmensidad del océano pausadamente, a su ritmo, sin verse afectadas por nubes de ceniza ni por las inevitables tempestades pasajeras. Tampoco se matan entre ellas.

6 comentarios:

Treinta Abriles dijo...

Y es que supusimos que la técnica, suplía a la naturaleza y era una suposición falsa. Para las decisiones, usuamos cálculos que nunca engloban el gran universo de preguntas que abarca la naturaleza. Tenemos controladas algunas variables y nos parece que tenemos algo, cualquier cambio demuestra que no es verdad.
Las tortugas, las aves, saben más que nosotros porque guardan la experiencia de años y años que nosotros despreciamos. En eso nos llevan tanta ventaja... Prueba de ello fue una anecdota del tsunami. Esperaban encontrar toda una tribu muerta por la afectación de la ola. Sin embargo, no fue así, porque ellos recordaban una antigua leyenda que decía que si los animales abandonaban la zona, debían correr a las montañas o sufrirían el enojo de un gran Dios. Precisamente, lo que hicieron.

Jin dijo...

qué buen post el de hoy, Santiago, estoy absolutamente de acuerdo contigo, ojalá supiéramos aprender de las tortugas... pero, lo que digo siempre, la teoría me la sé al dedillo, el pasarlo a la práctica es lo difícil del asunto. pero ahí estamos, nadando contra vientos y mareas, intentando conservar nuestro ritmo natural y disfrutar cada brazada, esto es lo único que merece la pena en esta vida, hacer el camino sin buscar ninguna meta, hacerlo, simplemente..
gracias, amigo

Belkys dijo...

¡Cómo me hubiera gustado acompañar a Aurora hasta mis costas! Igual he disfrutado el viaje a través de tus certeras y hermosas palabras. Espero que algún día los humanos aprendamos a despojarnos de esas prisas y detengamos esta marcha acelerada y destructiva, para contemplar las cosas pequeñas. Ojalá que siempre haya alguien como tú dispuesto a recordarnos estas verdades y a ayudarnos a entender lo efímeros y frágiles que somos.Y sobre todo eso: jamás descuidar los sueños. Un abrazo

Editor dijo...

Gracias, Bea, por tus sabias aportaciones.
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Por lo menos en vacaciones, Marie, nos dejan sumergirnos con conciencia.
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Sobre todo, Belkys, no hay que descuidar los sueños.

Maricela dijo...

He descubierto hoy este blog y he quedado emocionada por lo claro y bien que escribes. Éxitos y gracias Santiago.
Maricela

Editor dijo...

Gracias, Maricela. Aquí tienes tu casa