7 de mayo de 2010

Las teorías

No rimes ni te enredes con palabras grandilocuentes; la poesía tiene que ver más con los tangos que con las clases de lengua o con los exámenes de semiótica y de métrica. Lo descubrirás el día que necesites morir en un verso.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ese
día
es
hoy

Eduardo González Ascanio dijo...

Siento discrepar, Santiago. Cuando Jorge Manrique necesitó morir de la muerte de su padre tenía el oficio hecho a costa de muchos versos galantes e ingeniosos, que no le habrían dado la gloria pero lo prepararon para darle la solemnidad rítmica y el equilibrio a ese texto de desgarro y reflexión.
Es lástima que tanta gente practique el verso libre, no por real elección sino porque no se han educado en las formas, o porque conocen a muchos de sus poetas por traducciones.

Editor dijo...

Querido Eduardo, bievenidas sean las discrepancias. Hablo de mi elección personal y de las formas que necesito para entenderme con la palabra. Nunca voy a renegar de mis maestros, empezando por Manrique, y siguiendo por Garcilaso, Quevedo, Rubén Darío o Juan Ramón Jiménez. Cabe todo, Eduardo. Da lo mismo el camino que se siga: lo que importa es llegar al destino común de la emoción. Un abrazo.

Antonio Arroyo Silva dijo...

Ay que me tocaron la fibra. Desde luego para mí son sagrados Quevedo, Góngora, Garcilaso...y yo incluiría a Tomás Morales, Alonso Quesada y tantos buenos poetas que tenemos por aquí.
Pero dicho en cristiano: la receta del poema no es el poema. Es decir, uno mismo, como profesional de la enseñanza de la literatura muchas veces tiene que desaprender para crear algo vivo. No me creerán, pero yo aprendí a escribir endecasílabos, no sabiendo que tiene 11 sílabas y que los hay sáficos o italianos, etc, sino leyendo a Alonso Quesada en voz alta. Se me quedó, como dice Santi, el sonsonete. Si no prueben a hacerlo, sobre todo esos endecasílabos blancos.
El buen verso, sea libre o no es realmente variable emocional y rítmica de esto. Y ello le da fuerza al conjunto hasta el punto de constituir el cuerpo del poema.
Forma vital de superar la famosa Métrica de Quilis.

Editor dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Antonio. Y además compartimos admiración por Alonso Quesada. Un abrazo