8 de abril de 2011

El piloto

Un piloto de avión siempre tiene la vista puesta en la nada. No hay carreteras que marquen el camino, ni tampoco árboles, edificios o montañas que sirvan para que se oriente cuando acelera en el espacio infinito. El radar indica la posición, pero cuando se pierde de vista la Tierra uno realmente está habitando en el vacío. Nosotros también nos extraviamos para siempre cuando viajamos en un avión. El que baja en los aeropuertos ya no tiene nada que ver con el que, sentado en las alturas, miraba absorto las nubes y los horizontes interminables. A más de diez mil metros de altura ya no hay regreso. Mírate rápido en el espejo cuando creas que has aterrizado sano y salvo. No recordarás tu cara. Sólo al cabo de unos segundos tu cerebro se acostumbra a tu nueva imagen. Más allá de todo, donde no alcanza la vista, también seguirás viajando eternamente.

1 comentario:

JARDÍN DE ESTATUAS SIN OJOS dijo...

Fuera de aquí, tal es mi meta, escribió nuestro Franz Kafka.
Bello texto. Un abrazo. Elisa.