2 de noviembre de 2013

Músicas dipsómanas

Necesitaba beber alcohol para crear sus melodías. Cuando estaba sereno solo componía música triste. Ya nadie quería cantar lamentos. Las compañías le pedían canciones pegadizas y bailables. Él había querido componer óperas, pero  llegó un siglo más tarde de lo previsto. Ni siquiera Verdi encontraba ya un hueco en el teatro de su provincia. Muchas veces no sabía ni lo que estaba componiendo. Lo entregaba en la compañía y le pagaban, poco y casi siempre con retraso, pero por lo menos podía seguir durmiendo bajo techo. En los bares no paraban de sonar sus canciones. Desde que se escuchaban los primeros acordes todo el mundo empezaba a beber con la misma fruición con que lo hacía aquel borracho que se sentaba al final de todas las barras escribiendo símbolos raros en las servilletas.














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