21 de noviembre de 2009

Alquimia

Si no escribes nunca podrás trazar ningún presentimiento.

19 de noviembre de 2009

La novela de un literato



Hay que leer La novela de un literato para reconciliarse con la literatura, para saber cómo son los escritores, cómo funcionan los editores o cómo se gestó la historia de los periódicos más importantes de Madrid en los primeros años del siglo veinte; pero sobre todo hay que acercarse a este libro para disfrutar con la mirada y la ironía que destila Cansinos Assens en casi todas las páginas de los tres tomos que ha editado Alianza. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de la lectura. No entiendo cómo Cansinos no está entre los más grandes de la literatura española. Otra injusticia más de los antólogos y de los que escriben la historia. Uno se contentaría con lograr que se acercaran a estas memorias. Todo lo demás: la seducción con la palabra y el anecdotario, la intrahistoria de muchos de los más grandes escritores del siglo XX o la vida de los bohemios y los hampones de la literatura ya queda en manos de Cansinos.

Su mirada es certera o sutil, crítica o irónica, sentimental o distante. Aparece el ambiente de las redacciones de los periódicos de aquellos años y los cafés en los que se escribieron muchas de las mejores páginas de nuestras letras. Rubén Darío, los Machado, Villaespesa, Galdós, Blasco Ibáñez, Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez o Gómez de la Serna se presentan más como personas que como personajes en el día día de unas andanzas sobre las que Cansinos enfoca su pluma certera y colorista. En el caso de Canarias tenemos varias referencias a Tomás Morales, con sus amores con Carmen de Burgos "Colombine", a Galdós, a Juan Betancort "Ángel Guerra" o al periodista Delgado Barreto, entre otros.

Me siento como si volviera de un viaje que cambia las perspectivas y ayuda a entender mejor este complicado mundo, y, sobre todo, el complicado y siempre ególatra mundillo de las letras, con personajes e interpretaciones que se repiten cíclicamente. Sólo bastaría sustituir un par de nombres para escribir una crónica del siglo XXI con caracterizaciones más o menos similares a las descritas por Cansinos. No sólo me siento como si llegara de un viaje iniciático y necesario; también queda la sensación de haber estado paseando en los salones de una fiesta como aquéllas que contaba Flaubert en Madame Bovary o Stendhal en Rojo y Negro: cuando se sale de esos salones ya no se vuelve a ver igual lo cotidiano. Es lo mismo que sucede con muchos libros: hay lecturas que cambian para siempre tu propia mirada. Con La novela de un literato uno se siente más viajado y con ojos más irónicos y distantes para mirar al mundo. Da lo mismo que escriban o no. Lo que se cuentan son vidas humanas con sus grandezas y sus miserias. Por eso están todos invitados a la fiesta.

La novela de un literato
Rafael Cansinos Assens
3 tomos. Alianza editorial. 34,50 euros

17 de noviembre de 2009

Iconografías

No adora a ningún santo. Si tiene tentación de adorar iconos traza una palabra y seguidamente se arrodilla humildemente delante de ella.

16 de noviembre de 2009

Inoportunos

Hubo un tiempo en que no estabas comunicado a todas horas y en todas partes. Y ese tiempo, aunque nos parezca mentira, también lo vivimos casi todos nosotros. Ahora vas con el teléfono móvil, con el Iphone o con la PDA a todas partes. O te llevas el ordenador portátil para que no se te escape ningún correo electrónico o la última actualización en los periódicos digitales, en Facebook o en los blogs que sigues habitualmente. No descansamos en ningún momento. Todo es información y comunicación, pero no podemos analizar con mirada crítica lo que vamos leyendo vertiginosamente porque ya está entrando otra noticia, y luego otra, y otra más, de cualquier parte del planeta. No es que reivindique la renuncia a saber lo que pasa; pero sí creo que hay que saber asentar mejor lo que vamos leyendo y lo que nos van contando. No se puede seguir corriendo alocadamente hacia ninguna parte. Hay que volver a reivindicar, discúlpenme por la redundancia, el papel del periódico de papel como complemento necesario para el análisis y la profundización de una actualidad que ahora sólo permanece unos minutos en la pantalla.

Pero me he ido alejando del tema que quería escribir. Y es lógico que lo hiciera. En medio de la escritura ha sonado el teléfono tres veces. No es normal que el teléfono de mi casa suene tres veces seguidas un sábado a las ocho de la mañana. Pero te llaman ellos, los que se presentan con el número privado de la duda, los que te dicen que sólo están haciendo su trabajo, los que saben que descolgarás el auricular porque tienes familiares lejos o preocupaciones más o menos cercanas. Te ofrecen todo tipo de productos, y lo mismo te llaman en nombre de un banco que de una compañía telefónica o de una agencia de seguros. Se enfadan si les recriminas su actitud. Tienen respuestas para todas las reacciones y saben cómo desquiciarte. Últimamente, además, llaman justo cuando acabas de almorzar y te apetece dormir una siesta para seguir funcionando, o los fines de semana, e incluso por la noche. Les da igual lo que les digas. Siempre te acabará llamando otro que no era el mismo, y que hasta se ofenderá porque lo confundes con el que llamó una hora o un día antes. No sé en qué habría parado este artículo de no haberme llamado ellos, pero de momento han conseguido protagonizarlo. Hablo de los inoportunos que entran en tu casa a todas horas sin que encuentres la manera de detenerlos. Te preguntan si tú eres tú y a partir de ahí ya se acaba el diálogo. O aceptas lo que te ofrecen, o ya no paran hasta que vuelves a descolgar el teléfono. Y ellos saben que todos tenemos siempre una llamada pendiente que llevamos esperando toda la vida. Por eso insisten.