26 de enero de 2009

Facebook

Hay preguntas que siguen sin respuestas desde la noche de los tiempos. En el periodismo nos enseñaron desde el primer momento que las noticias se completan respondiendo una serie de preguntas que se supone que se hará el lector. El qué, el quién, el cuándo o el dónde suelen estar respondidas en casi todas las informaciones que ustedes leen a diario en la prensa escrita. A veces cuesta llegar a esas respuestas, pero con un poco de esfuerzo, con buenas fuentes y con un buen instinto periodístico se suele completar cada día el rompecabezas de la vida cotidiana. Otra cosa son las respuestas que hay buscar para entendernos a nosotros mismos. Ya ahí se maneja cada cual como buenamente puede o como le dejan. Los quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos forman parte de nuestro genoma más interrogante y enrevesado. Hasta ahora seguimos sin contar con respuestas convincentes. Nadie ha vuelto nunca del otro lado del espejo.

Pero a pesar de dejar sin respuestas las preguntas fundamentales nos hemos ido acostumbrando a vivir más o menos dignamente según la suerte y según las circunstancias, casi siempre tan azarosas y proteicas como la vida misma. Y además hemos aprendido a ser virtuales. Hacía meses que varios amigos me insistían para que abriera un perfil en Facebook, un sitio de Internet en el que ya se cuentan más de ciento veinte millones de personas censadas y localizadas. Como soy un Aries con ascendente Libra, me veo siempre entre la impulsividad y la moderación, y según los casos gana Marte o gana Venus. Está vez ganó Marte y me aventuré con lo del perfil. A las pocas horas de colgar mis datos aparecieron amigos por todas partes que querían saber de mí, de ese otro yo que se mueve por la Red y que contesta y responde sin necesidad de que nadie cerciore su existencia. En Facebook te aparecen compañeros de colegio y de universidad de los que no sabías nada hacía años, amigos de otros países o compañeros de fatigas en ciudades lejanas en las que viviste alguna vez. Te vuelves virtual y dudas hasta de tu propia existencia. Sigues sin responder a esas preguntas esenciales que contaba hace un rato, pero casi te ves siendo otro en medio de la aldea global. No es de coña, pero uno llega a pensar que ese otro que se mueve por la virtualidad se quedará chateando aunque nosotros ya no estemos. Se abre una nueva manera de relacionarnos los unos con los otros en el ciberespacio. Y de eternizarnos. Ya hay un lugar en el que cualquiera puede encontrarnos. Sólo precisamos un perfil. Les basta con eso. Con una buena foto ya eres otro sin dejar nunca de ser el mismo.



CICLOTIMIAS

Qué más da que te confundas de día, de mes o de año en el almanaque. Más tarde o más temprano descubrirás que es imposible atrapar al tiempo entre los números.

5 comentarios:

mucho_que_contar dijo...

Quizá sea una partícula de ADN que se perdió con la explicación y respuesta de las grandes preguntas, pero yo no termino de verle el encanto a las relaciones cibernéticas.

Es cierto que a falta de pan buenas son tortas. Yo estaría dispuesto a hacer ayuno si sé que después tendré unos ojos a los qwe mirar y una voz limpia que escchar.

Editor dijo...

Puestos a elegir tampoco yo cambiaría esa mirada ni esa voz que tú reivindicas.

Treinta Abriles dijo...

¡Cuidado con el facebook!

Divorcios, perdidas de empleo, pilladas in fraganti... Todo ello curioseando por ahí.

Al final termina siendo un patio de vecinas...

Treinta Abriles dijo...

Ni siquiera el tiempo existe.

Editor dijo...

No me asustes, Treinta Abriles, que soy un hipocondríaco informártico y me lo creo todo. Yo me que quedo con su parte positiva. Pasa como otras cosas, dependerá del uso que hagas de él. Sí es verdad que algunos lo conciben como un patio de vecinas, y me imagino que otros se acercarán para jugar al ligoteo. De todas formas toco madera.