26 de febrero de 2009

Incordios

Cómo sobrellevar la mezquindad y la entrada a degüello de los envidiosos y de los viles. Supongo que no siendo nunca como ellos. Y también colocando siempre a la vanidad frente a nuestra condición efímera y azarosa. Tú sólo tienes que escribir y seguir adelante. En este caso cada nueva palabra tuya bastará para incordiarles.

6 comentarios:

Fénix dijo...

Es complicado en ocasiones hacer oidos sordos a los viles y envidiosos, no dejar que hagan mella. Pero la vida está repleta de ellos, cada día nos tenemos que topar con alguno...por desgracia. Los peores son los que no se muestran de frente y se acercan con la buena voluntad.
Supongo que acabamos ignorando a todos y cada uno de ellos (o al menos deberíamos) y sobre todo, siguiendo adelante.

Treinta Abriles dijo...

Fenix, lo que dices es cierto, pero Santiago tiene tanta razón...

Cualquier tipo de venganza, tiene un precio: "envenenar tu alma"

Editor dijo...

Complementas perefectamente lo que he tratado de decir con lo de envenenar el alma. Efectivamente, hay que intentar mantenerse siempre a salvo de la mezquindad. Los años te demuestran que no hay nada, ni bueno ni malo, que resista el paso del tiempo.

Iván dijo...

Estimado Santiago, como esta entrada la escribiste poco después de que te dejara un comentario a la entrada "patrias literarias" que has preferido no publicar (me parece bien, estás en tu derecho), he empezado a pensar si no habrá habido algún malentendido por algún lado.

No recuerdo textualmente qué escribí, pero de ninguna manera pretendí ofender ni herir, simplemente quise confrontar ideas en un plano impersonal (algo así como que no veo oposición entre literatura universal y particular, sino entre literatura buena y mala) sin entrar a enjuiciar de ninguna manera ni tu obra ni tu trabajo. Sin personalizar.

Si por parte mía hubo algo que te resultó molesto, te pido disculpas, desde luego no fue mi intención. No quisiera que quedara ningún regusto amargo.

Un saludo

Editor dijo...

Hola Iván, no he rechazado ningún comentario en el blog. Ha debido de haber un error por alguna parte (confirma que lo enviaste correctamente). Hasta hoy no he censurado nada, y espero no tener que hacerlo nunca. Lo que te publiqué en su momento no era ni hiriente ni malintencionado. Se centraba en un razonamiento con mucha lógica por tu parte, pero con el que yo no estoy de acuerdo (de cualquuier manera creo que en esas diferencias se generan las ideas que ayudan a caminar). Este comentario del blog está programado hace varias semanas ( y escrito hace exactamente un año por una cosa que me escribieron en un periódico y que no tiene nada que ver contigo; incluso lo que entonces me pareció una crítica con mucha mala leche, hoy, lejos de la calentura, me puede parecer razonable, y, digan lo que digan, a veces esas críticas ayudan a crecer mucho más que los halagos). Siento que se perdiera el comentario al que te refieres. Si lo reenvías o lo escribes de nuevo no tendré ningún problema en publicarlo. Y, por favor, sé siempre bienvenido. Aquí tienes un amigo. Un abrazo, Santiago.

Iván dijo...

Me quedo tranquilo Santiago, muchas gracias. La verdad que me quedó mal sabor de boca por la posibilidad de que te hubieras sentido ofendido. No porque mi escrito fuera ofensivo ni destructivo (el día que entre en esa dinámica, ya no seré yo), sino porque a veces en otros blogs me he topado con personas que toleran mal la diferencia de opiniones. Como hace poco que te leo no supe calibrar si era eso lo que ocurría.

Coincido plenamente en que de las divergencias surgen los avances y las ideas nuevas, por eso me gusta tanto debatir y contrastar planteamientos. No dejo de aprender.

Gracias nuevamente, nos seguimos viendo por aquí.

Un abrazo!