8 de junio de 2009

Las rutas

La vida es una ruta que varía con cada paso que vamos dando. Siempre hay que elegir un camino. Nunca dejan de aparecer cruces que nos pueden llevar a destinos distintos. Por eso digo siempre que ninguno de nuestros pasos carece de importancia: girando a la izquierda o a la derecha puedes encontrar o perder para siempre el amor de tu vida. También hay pasillos oscuros que recorremos a tientas confiando en la buena suerte y en que, más tarde o más temprano, aparezca una luz que nos oriente. Aquí hemos venido a caminar y a vivir sabiendo que todo es efímero y cambiante, tan proteico y tan cambiante como las mareas que contemplamos para tratar de no desorientarnos en la orilla.

Había rutas que nos llevaban al colegio, al instituto, a la misa de diez, al partido de los sábados, a las primeras farras, a la universidad o al encuentro de aquel amor que creíamos eterno. A lo largo de los años hemos ido sembrando nuestros pasos en mil aceras que saben de nosotros y de nuestros sueños y anhelos más deseados. Casi nunca volvemos. El regreso tiene siempre algo de derrota. Nada es lo mismo. No somos capaces de reconocernos. Podrás pasar de nuevo, pero nunca con el ánimo, la tristeza o la alegría con la que pasabas hace años. Tú eres otro aunque el camino sea el mismo y no hayan variado ni los edificios ni los horizontes. Con la nostalgia pasa como con el alcohol. Hay que saber controlarse y no dejarse vencer por los efluvios que nos vuelven sentimentales o grotescos. Vale la pena volver de vez en cuando, pero controlando y sabiendo de antemano que lo que buscamos ya no existe. Sólo queda el recuerdo, con toda la recreación y todos los argumentos inventados que traen siempre los recuerdos. Para evitar que nos paralice luego esa nostalgia que deja tantos juguetes rotos y tantos amigos que no han sabido nunca salir de aquellas rutas, hay que aprender a no desdeñar ni un solo paso. Si pasamos por la vida pisando como si fuéramos eternos, o como si pudiéramos volver en cualquier momento al camino recorrido, lo más probable es que algún día acabemos haciendo el ridículo. Lo mejor es quemar las etapas intensamente, sabiendo que cada paso es irrepetible, lo mismo que cada mirada y que cada buen momento que estamos disfrutando. Después pueden venir malos tiempos o días venturosos, pero lo que no podemos es vivir en una eterna conjetura. Probablemente las pocas rutas que recordamos son aquéllas que marcaron nuestro destino. Las otras, las que dibujaron todos esos pasos aburridos y consuetudinarios que hemos ido dando durante años camino del trabajo, no se graban en ninguna parte. Hay que escapar como sea de las rutas que no dejan huellas. Al final, cuando necesites que resuenen tus recuerdos para no extraviarte, sólo te servirán los ecos de unos pocos pasos.

7 comentarios:

Treinta Abriles dijo...

¡Ay, Santiago!

Lo que nos estás pidiendo, necesita el aprendizaje de toda una vida...

Muchas veces me he repetido tus palabras (entiéndeme, unas palabras parecidas a las tuyas) y otras tantas, caigo en el error de dejarme llevar por todo lo contrario, la nostalgia, el recuerdo, el intentar volver atrás, la magia de creer en un destino y no en nuestros pasos al caminar...

Supongo que iré aprendiendo. Supongo que voy aprendiendo.

josé luis dijo...

Se hace camino al andar, decía el poeta. Y hay pasos y pasos, unos con una importancia vital y otros como si fueran meros accidentes...pero hay que pisar y andar aprendiendo cada día. Como bien dices, solo se recuerdan los que marcan,aunque a veces pueden retornar otros como fantasmas.

Anónimo dijo...

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
Gabriel García Márque

© loki vinodelfin dijo...

A veces las reacciones ante las puertas que se nos abren a nuestro paso son diversas. ¿Qué caminos elegir? Cuáles desechar? ¿Cuáles olvidar una vez recorridos?

http://www.youtube.com/watch?v=gS8kek-XL3Y

Un abrazo Santiago.

Editor dijo...

Hola Bea, no hacemos más que aprender y equivocarnos a cada paso. Una cosa es lo que escriba y otra lo que termine haciendo. La pantalla del ordenador, lo mismo que el papel, lo aguanta todo.
Y al volver la vista atrás, José Luis, como también recuerda el poeta, se ve la senda que nunca se ha de volver a pasar.

Completamente de acuerdo con GGM. Por eso temo tanto el alzheimer y los olvidos. Es como si nos mataran en vida.

La elección de las puertas, como la de las los caminos, tienen mucho de azar. Bueno, casi diría que están regidos por el azar. Y no exagero. Por eso en la vida lo más que hay que desear es ser un tipo con suerte. Lo otro ya lo ponemos nosotros.

Karmen dijo...

Leí hace tiempo una frase que desde entonces creo que me ha abierto los ojos sobre qué parte de nuestra vida es azar y qué parte destino...

"La suerte es lo que ocurre cuando la preparación coincide con la oportunidad"

Yo estoy de acuerdo. Saluditos, Santiago.

Editor dijo...

Me apunto a esa frase, Karmen. Un abrazo