14 de septiembre de 2009

El abrazo

Hay pequeños milagros cotidianos que logran vencer la quemadura del tiempo y del olvido. Quevedo escribía del polvo enamorado y del amor más allá de la muerte, y siguiendo su estela hay muchos poetas hiperestésicos que se enredan en escritos sobre amores tan tremendos como contrariados. La literatura está llena de Romeos, Julietas, Melibeas y amantes de Teruel en distintas versiones según la necesidad del guión y los entusiasmos de los escritores. Desde el joven Werther a Love Story, pasando por Corín Tellado y sus almibarados romances, la palabra siempre se ha puesto al servicio del amor; y de hecho un escritor de la talla de Gabriel García Márquez no deja de repetir que sólo escribe para que le quieran. Ahí es nada. Siempre el amor y las necesidades de cariño moviendo al mundo mientras el sexo mueve a la economía. Esto último no es una boutade. Creo que lo dijo Keynes y que lo firmaría cualquier economista, aunque me da a mí que, viendo cómo va la economía, algo debe estar fallándonos en el sexo. O a lo mejor es al revés, y es la economía la que está acabando con la libido y con las ganas de emprender aventuras psicalípticas y eróticas.

Yo pretendía escribir del abrazo y he terminado hablando de Keynes. En fin. Quería recordar que existen los milagros de los que se aman. Todo vino por una magnífica canción de Pedro Guerra titulada 5.000 años. En ese tema el cantautor tinerfeño cuenta la historia de dos amantes que aparecieron abrazados en la ciudad italiana de Padua cinco mil años después de haber muerto. Estaba uno frente al otro, se miraban y parecía como si trataran de captar hasta el último detalle de sus caras para no olvidar cuando llegara el deterioro y la podredumbre. De esa mirada y ese abrazo viene el milagro. Los arqueólogos encontraron sus huesos tal cual se fundieron en un conmovedor abrazo hacía miles de años. No pudo con ellos ni la nieve, ni el sol ardiente que ha ido encendiendo la tierra en la que escondieron sus últimas caricias. Tampoco se volvieron parte de ese polvo enamorado que escribiera Quevedo. Vale la pena amar si a uno le garantizan un abrazo tan duradero. Realmente siempre vale la pena amar. Es lo único que nos salva. No concibo más sentido de la vida que el de amar y ser amado. Si ese milagro fructifica todo lo que pase a nuestro alrededor nos tendrá sin cuidado. Da lo mismo que nos incineren o que nos abracemos en las tumbas. Cuando una pareja se ama siempre hay algo que se transforma o que palpita en algún lugar del universo. Quien ama se queda viviendo eternamente en la persona amada. No importa que el romance dure semanas o que se aferre al bolero y trate de perpetuarse toda una vida. Sólo el amor, como cantaba Silvio Rodríguez, convierte en milagro el barro.

3 comentarios:

Sílice dijo...

Pues dicen que los seres humanos provenimos del barro y en barro nos vamos a convertir...¡Qué milagro! ¿no?

Leí tus poemas, Santiago, pero si no estabas aquí, puedes oír el programa del día 9, entrando en la pág. web de la radio, a través de mi blog. Han puesto allí lo que llaman: "podcast", o sea, los programas grabados y pueden oírse allí cuando a uno le venga bien. Encontrarás grabados el del miércoles día 2 y el del día 9, que fue cuando leí tus poemas. Y ya sabes, envíame más cuando quieras, te lo agradeceré y los leeré encantada.

Un abrazo.

Treinta Abriles dijo...

Tú piensas que querías escribir sobre el abrazo, aunque, en realidad, todo forma parte de "la teoría del enjambre" que dice que, todo está relacionado. Que nada sucede en solitario.

Escribiste sobre el abrazo y acabaste hablando de la economía, es sexo y el amor, y todo, porque me estoy leyendo "Once Minutos", de Paulo Coelho. Estoy convencida.

;-)

josé luis dijo...

Hermoso texto.

Saludos