30 de agosto de 2010

Fracasos

Hay problemas y fracasos. El paro, la crisis o los vergonzantes mensajes que nos venden en muchos programas de televisión son problemas, y los problemas, como nos enseñaron en las clases de matemáticas, siempre tienen solución. Más tarde o más temprano aparece la fórmula o el golpe de suerte que acaba con la desazón que vive quien no puede llevar dinero a su casa. Siempre ha sido así. Casi todo lo relacionado con la economía y con la moda es pasajero. Pero lo que no tendrá solución es el fracaso de los miles de escolares que salen de las aulas sin formación, sin futuro y con todas las cartas marcadas para naufragar en la vida.

Cada niño y cada joven que abandona sus estudios es una oportunidad que se pierde de cambiar el mundo. Da lo mismo que esa claudicación esté relacionada con la negligencia de los padres o de los profesores, con la propia dejación del estudiante o con las malas compañías. Siempre he dicho que todo es azar, pero el azar sin educación y sin criterio propio no acaba arribando a ningún puerto seguro. Por eso me preocupan las cifras de fracaso escolar que se están manejando ahora mismo en España. Ese treinta por ciento de jóvenes que arruinan sus posibilidades de futuro, y por ende las del propio desarrollo de la sociedad, se presenta como una realidad que no deberíamos permitir que se asentara como otro dato más dentro de las muchas cifras desalentadoras que nos enseñan cada dos por tres los analistas económicos. Yo pertenezco a una generación que pudo estudiar en colegios, institutos y universidades públicas con un alto nivel de formación y, sobre todo, de motivación. Nos enseñaban el valor de la sabiduría y el esfuerzo, y al mismo tiempo nos alentaban para que descubriéramos que el mundo no empezaba y terminaba en donde vivíamos o por donde nos movíamos habitualmente. Todo lo que soy se lo debo a esos profesores del instituto que me enseñaron a ser crítico, a defender una serie de valores irrenunciables y a saber que nadie es más que nadie. Los que conocimos esa enseñanza pública y sabemos cuánto ha influido en nuestro posterior camino por el mundo, no debemos quedarnos cruzados de brazos viendo como otros, igual que nosotros entonces, se quedan sin futuro por un mal año y una falta de motivación absoluta por parte de un profesorado sin apoyos y de unos padres negligentes. Y luego, claro, están todos esos mensajes equivocados y vergonzantes que les ponen en la tele, vendiéndoles una fama de calderilla que sólo contribuye a atontar aún más al personal. Costó mucho llegar a una igualdad entre los seres humanos, y esa igualdad sólo se consigue si todos contamos con las mismas oportunidades de salida. Si no funciona el sistema educativo no hay futuro que nos salve. Da lo mismo que tengamos dinero o que volvamos a ser los reyes del mambo.

4 comentarios:

Distintos dijo...

Ojalá pudiéramos leer todos los días artículos como éste. Preciso, dando en el clavo. Ojalá la sociedad fuera capaza de tomar conciencia y despertar de tanta idiotez y desánimo.Soy también de esa generación de la que hablas y lo que soy se lo debo a quienes me motivaron e impulsaron al conocimiento.Enhorabuena!

Editor dijo...

Somos muchos los que tenemos que insistir para que la desmoralización y el fracaso escolar no se quede como algo inevitable. Un abrazo

Editor dijo...

Somos muchos los que tenemos que insistir para que la desmoralización y el fracaso escolar no se quede como algo inevitable. Un abrazo

maria dijo...

Hola Santiago, en este articulo has expresado exactamente mi opinion y lo agradecida que estoy de esa educacion publica.