16 de diciembre de 2008

Las barras del desengaño



Como hace veinte años. Dos copas y ya crees que te vas a comer el mundo. Siguen las mismas calles y los mismos bares con otros nombres diferentes. Otra vez encontrarás el amanecer en el fondo de los vasos o en la cama con alguien que también andará quemando a esas horas sus últimas naves. Al día siguiente llegará la resaca, el remordimiento y el miedo. Incluso puede que digas que te quieres morir, y por supuesto repetirás como una letanía que ya no volverás a beber nunca más. A lo mejor terminas tirado en el sillón hasta que pasen las horas de las arcadas y las náuseas. Tu hígado cada vez aguanta menos. No era como cuando te enamorabas de la primera mujer hermosa que te hacía caso y memorizabas su teléfono para empezar un romance al día siguiente. Ahora prefieres olvidarlo todo y hacer como que las noches pasadas no existen. No crees en el amor. Ya no haces más que beber o follar por rutina para no estar solo.

Me equivoqué al principio: nada de esto se parece a como era hace veinte años. De entrada has perdido todas las ilusiones, y antes nunca habías bebido con esa rabia. Terminarás volviendo, sé que te serviré otra vez la primera copa con la que soñarás que puedes cambiar tu destino. Todos terminan regresando a las barras del desengaño más tarde o más temprano. A veces cada semana, a veces una vez al mes, o cada veinte años, pero siempre vuelven a los mismos bares. Da lo mismo que se anuncien con neones diferentes.

3 comentarios:

mucho_que_contar dijo...

Algo se ha removido en mí a leer tu entrada de hoy Santiago. Felicidades sinceras.

Aunque el texto expresa a la perfección lo fácil que es refugiarse en el alcohol para huir de la realidad y lo dura que es a veces la vida, me ha hecho recordar, cómo en la adolescencia mis amigos cogían el "puntillo" para lanzarse a por su caza. Yo, poco amigo de salir, el primer sorbo de una copa me supo a rayos y ya no repetí. Mejor escribía poemas, aunque mis amigos obtenian mejores resultados con sus métodos.

Es cierto, todos se emborrachan una vez cada año.

Anónimo dijo...

D e mis soledades voy, de mis soledades vengo.
Cada chispa , cada arena de una playa por si sola no es nada;muchas chispas hacen el mayor incendio,muchos granos en la arena hacen un desierto.


Tu locura mi cielo brilla en la noche estelar.
De tu frente sin orden se alza un arco iris que acaba en mi frente.-

M e identifico plenamente con lo leido, conozco bien ese desasosiego...

Eduardo dijo...

Hombre, Santiago, había trompas risueñas, trompas lloronas, trompas sueño, trompas confidencia, trompas fraternales, trompas mayestáticas y trompas tétricas. Se pagaban los excesos, pero hubo a quien le valió como aprendizaje y se inclinó por la desgutación mesurada.
Te lo tomas a la tremenda, compañero.