26 de octubre de 2011

Manuel González Sosa

Es cierto que cuando muere un poeta no se para el mundo. Ya lo advertía Brodsky cuando escribía que nunca vendrá el gran diluvio detrás de la ausencia de ninguno de nosotros. Pero cuando se muere un poeta, sobre todo en este mundo tan necesitado de miradas limpias y de palabras que no parezcan huecas, sí es verdad que se abre una herida que escuece por todo lo que ya no podrá seguir escribiendo. Manuel González Sosa fue un  poeta para la inmensa minoría que cantara Juan Ramón Jiménez, alguien que vivía la poesía casi tan intensamente como la escribía, un gran lector, un alejado del mundo y de esos ruidos que tantas veces enturbian la mirada de lo más sencillo y de lo que más emociona. El poeta guiense fue una especie de Bartleby que me consta que iba rechazando reconocimientos, homenajes y todas esas alharacas en las que a veces se pierden tantos escritores. Aprendió a mirar el mundo en aquel paisaje bucólico de Las Barreras, asombrándose entre nispereros y geranios de lo milagrosa que es la vida en lo más cercano y en la mágica sencillez de las palabras. Nos quedan sus versos. Son ellos los que siempre sobreviven cuando se aleja el cuerpo del poeta. Manuel González Sosa quedó escrito y se seguirá escribiendo cada vez que alguien se acerque a cualquiera de sus poemas.

4 comentarios:

Rafael-José Díaz dijo...

Querido Santiago: es una gran pérdida espiritual para Canarias. Su talante humano y su escritura discreta y verdadera no son precisamente abundantes entre nosotros. Su generosidad, también, que lo hizo estar siempre cerca de los jóvenes (mientras que aborrecía todo tipo de honores, dádivas y parafernalias), lo mantendrá en el recuerdo de muchos que recibimos de él palabras de aliento dichas con el mayor entusiasmo. Un fuerte abrazo.

Editor dijo...

Hola Rafael, disculpa el retraso de la publicación de tu comentario. Suscribo lo de "gran pérdida espiritual para Canarias", una tierra en la que, como bien sabes, lo que prima (o por lo menos lo que más se aplaude) es justamente lo opuesto a todo lo espiritual o lo poético. Un fuerte abrazo

Antonio Arroyo Silva dijo...

Estimados Rafael y Santiago:
Les dejo con las propias palabras del poeta. Para que los deseos de Manuel no caigan en saco roto y sus deseos se vean cumplidos.
‎"Si en asuntos en los que yo pueda opinar algo precisaran alguna sugerencia mía, estoy a disposición de ustedes. Para lo que no pueden contar conmigo es para lo que se refiera a reconocimientos honoríficos hacia mi persona. Es un modo de sentir mío del que no quiero renegar mientras viva. Para quienes escriben por vocación lo que importa es ser leído; lo otro sobra".
MANUEL GONZÁLEZ SOSA

Un abrazo.
Antonio Arroyo.

Editor dijo...

Muchas gracias, Antonio. "Lo que importa es ser leído". Totalmente de acuerdo con lo que decía el poeta. Un abrazo