18 de diciembre de 2012

Adentros

No aguardes una llamada de teléfono para ser feliz, ni tampoco esperes a que los otros te conviden a la fiesta. Tú eres tu propia alegría diaria, la única sonrisa reconocible, la mano extendida que jamás te traiciona, todo eso que casi nunca encuentras cuando te pierdes en tus propias batallas. Al final siempre terminas siendo tú quien agrede o serena tu alma. Ni siquiera podrás amar si no te amas. 


1 comentario:

A. del Rincón dijo...
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